En este mes de
mayo, cuando los campos de cereal comienzan a vestirse de verde y oro
anunciando la esperanza de las futuras cosechas, el pueblo de Villarrín de
Campos celebra con emoción y respeto la festividad de San Isidro Labrador,
protector de los hombres y mujeres del campo.
Esta fiesta nos
recuerda la vida esforzada de nuestros antiguos, hombres curtidos por el sol y
el viento que, descalzos muchas veces, abrían surcos en la tierra con los
viejos arados romanos de una sola reja, tirados lentamente por mulas pacientes.
Iniciaban la jornada, cuando la alondra se despierta y extiende su vuelo por la
tierra aún confusa de nieblas y nubes, haciendo patente aquella nostálgica
canción “ ya se oye rechinar/ la rueda del arado/y al labriego animar/ con
voces al ganado.
Recorrían
nuestros campos, en una labor silenciosa y noble, por arrancar fruto a la
estepa, confiando siempre en la providencia divina y en la fuerza del trabajo
honrado.
Junto a ellos
estaban también las mujeres, colaborando incansablemente en las faenas
agrícolas, compartiendo sacrificios y esperanzas. Muchas recorrían los campos y
linderas, especialmente por el viejo camino a Otero, recolectando la humilde
flor de la manzanilla, tesoro silvestre de nuestra tierra, que después sería
vendida para transformarse en perfumes y colonias, contribuyendo así al
sustento de las familias.
Y cómo no,
recordar a los niños, vestidos con sus mejores galas, acompañando con alegría y
devoción la procesión de San Isidro por los exteriores del pueblo. Entre
cánticos religiosos y loas al santo labrador, nuestros antepasados pedían la
bendición de los campos, rogando lluvias oportunas, abundancia de trigo y paz
para los hogares.
Aquellas voces
sencillas, elevadas al cielo entre el sonido de las campanas y el aroma de los
sembrados, formaban parte del alma más profunda de Villarrín.
Hoy, al
celebrar nuevamente esta festividad, rendimos homenaje a nuestros mayores que hicieron
florecer la vida de Villarrín.
Su memoria, costumbres y sus
valores siguen entre nosotros como ejemplo de amor a la tierra y de unión entre
las personas.
¡Feliz festividad de San
Isidro Labrador para todos los vecinos y amigos de Villarrín! Que nunca falten
el pan en las mesas, la esperanza en los corazones y la bendición sobre
nuestros campos.

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