¡FELIZ VERANO, VILLARRÍN DE CAMPOS!
En
esta época estival, Villarrín de Campos vuelve a vestirse de luz, color y
esperanza. Los largos días de sol iluminan la inmensa estepa, mientras los
campos dorados anuncian uno de los momentos más importantes del año: la
recolección de la cosecha de cereales, fruto del esfuerzo, la constancia y la
sabiduría de generaciones de agricultores que han modelado este paisaje único.
El
verano nos transporta a un lugar mágico, oculto, visible cuando el pertinaz sol se retira a sus aposentos de la oscuridad de la noche y surgen en el cielo de azul velazqueño
de Villarrín, una pléyade de diminutas y brillantes cabecitas de luz, de
sonrisa infantil, que miran con pasión la caprichosa y multiforme luna, que
recorre con precisión el arco celeste, enfocando sus rayos amarillos a las
nubes que mecidas por la brisa benefactora, invitan a aspirar con lujuria un aroma
de olor a espigas, perfume sagrado que desprende la tierra, completando esta
admirable arquitectura nocturna, la lechuza patrulla con elegante y silencioso
vuelo por rincones ocultos del pueblo en busca de distraídos ratoncillos.
La
canícula, sucesora privilegiada de la primavera, es también tiempo de
encuentro, de celebración gozosa y convivencia fraternal. En estas fechas se
suceden acontecimientos que fortalecen los lazos de amistad y pertenencia a
nuestra comunidad: La conmemoración del vigésimo aniversario de las Águedas, la
reunión de los Quintos, las fiestas en honor de la Virgen y tantas otras actividades
que llenan de alegría calles, plazas y hogares.
La
naturaleza ofrece igualmente uno de sus mejores espectáculos. La estepa que alcanza
ahora un esplendor singular, con sus horizontes abiertos, sus atardeceres
infinitos y la riqueza de una fauna que constituye un auténtico tesoro. Las
salinas reciben de nuevo a numerosas aves migratorias que regresan a estos
parajes, mientras la majestuosa avutarda, ave emblemática de nuestra comarca,
continúa sorprendiendo con sus pausados desplazamientos, sus elegantes paradas
y sus espectaculares vuelos sobre los campos.
Pero
si hay un regreso especialmente esperado es el de tantos hijos e hijas de
Villarrín que, por motivos de trabajo o residencia, viven en otras comunidades
y lugares de España y de otros países. Como cada verano, vuelven a sus raíces para reencontrarse
con familiares, amigos y vecinos, renovando ese vínculo afectivo que nunca se
rompe y que mantiene vivo el espíritu de nuestro pueblo.
Os
deseo que este verano sea tiempo de cosecha, de amistad, de descanso y de
esperanza. Disfrutemos de nuestras tradiciones, de nuestros paisajes y de la
compañía de quienes comparten el amor por Villarrín.



