jueves, 6 de mayo de 2021

DON JULIÁN, UNO DE LOS NUESTROS

 

 

El obispo emérito de León se jubila con un regalo a la diócesis de su tierra de origen

 

Ángel Alonso (La Opinión-El Correo de Zamora, 01/05/2021

 



Hemos sabido recientemente que el obispo emérito de León, Don Julián López Martín, natural de Toro, acaba de hacer un regalo extraordinario a la diócesis de Zamora, se trata de la Biblia visigótica mozárabe en edición facsímil. Un tesoro bibliográfico de inmenso valor que podremos contemplar todos los zamoranos. Se trata de una copia exacta, de ahí el nombre de “facsímil”, con detalles de uso y deterioro, como corresponde a un viejo “incunable” (libro escrito antes de la invención de la imprenta) que data del siglo X, y cuyo original es propiedad de la Colegiata de San Isidoro de León.

Muchos jubilados hemos sido despedidos por colegas de trabajo con ágape y regalo. Ahora don Julián se jubila y quien regala es él. Bello gesto de un pastor que lo ha sido, con humildad, entrega y discreción. Le conocí, recién misacantano, en su primer destino pastoral como coadjutor de Villarrín de Campos, mi pueblo. Eran tiempos en los que la despoblación empezaba, pero aún había tarea para dos sacerdotes en la parroquia y al coadjutor le correspondía también la atención de la pedanía de Otero de Sariegos, un enclave hoy totalmente despoblado en medio de las lagunas. En estos destinos se estrenó el joven coadjutor cargado de ilusiones y proyectos. Traía un nuevo estilo, sencillo, cercano, amigable, consecuente con los nuevos aires del reciente Concilio Vaticano II. Y todo hay que decirlo: era un buen mozo y bien parecido.

Cuento una anécdota. En sus primeras homilías, en vez de soltar el sermón acostumbrado, echaba mano de ficha-guión para no andar con rodeos y hablar sin ampulosidad ni retórica; al grano, como se suele decir. Tan acostumbrada estaba cierta gente a apreciar más el ruido que las nueces, que comentaban (la ignorancia es atrevida) si acaso no traía aprendido el sermón. Pronto su magisterio pastoral y la iniciativa educativa de su proceder se vio plasmada en actividades que muchos no podemos olvidar por la novedad de su propuesta en una zona rural con pocos recursos. Destaco la Primera Semana de la Juventud por él organizada, con el programa repleto de actividades culturales, incluyendo teatroforum con “Llama un inspector”, cineforum, tras la proyección de clásicos del cine como “Qué bello es vivir”. Y en efecto, creo que a mayores de su trabajo de cura, se empeñó en que la dura vida del campo fuese algo más bella.

Con estos buenos antecedentes es destinado a Roma para doctorarse en Liturgia. Luego ejerce de párroco en Cristo Rey, Zamora, donde también es nombrado canónigo de la Catedral. Más tarde el papa le designa obispo de Ciudad Rodrigo, y posteriormente de León, donde ha terminado sus días en activo al cumplir la edad canónica de su misión.

Nunca perdió el contacto con los feligreses de su primer destino, y aún de obispo se acercaba a saludar y visitar a su gente más próxima sin previo aviso, algo que nunca olvidaremos.

Ahora Don Julián me escribe que ha vuelto allí, y en Otero entra en la iglesia, y visita el cementerio donde lee nombres de difuntos que recuerda y por ellos reza. “¡Cuánta gracia del Señor! “, así resume con humildad y nostalgia su pasado en nuestra tierra.

En el Diario de León manifestaba, a propósito de reciente entrevista: “Mi padre solía decir que pidió a Dios un hijo cura y le trajo un obispo”.

Yo me permito parafrasear diciendo que he pedido a Dios buenos amigos y entre ellos me ha dado un obispo.

Desde aquí me hago portavoz de tanta gente que le ha conocido y me transmite opiniones semejantes a la mía respecto a su trato, bonhomía y a su labor de pastor de la Iglesia, en la que él se siente especialmente bendecido, y por ende agradecido también, con el regalo de su despedida.

Dios le siga conservando muchos años, cerca de tantos amigos como al andar fue juntando.

 


D. Julián López



viernes, 2 de abril de 2021

SEMANA SANTA 2021

 

Villarrín, Pasión con sabor a penitencia

La celebración litúrgica de la Muerte de Cristo se ve enmarcada por tres actos de devoción popular, con procesión y sermón del párroco

 LA OPINIÓN- EL CORREO DE ZAMORA, 2/4/2021

  El tiempo de Semana Santa en Villarrín de Campos comienza con el triduo al Nazareno: Lunes, Martes y Miércoles Santo. Días en que también se prepara el monumento: una serie de lienzos de gran tamaño que transforman el retablo de la Virgen del Rosario en una capilla eucarística. La recuperación, hace unos años, de su montaje ha hecho que técnicos de conservación hayan valorado la oportunidad de su restauración por ser un exponente casi único en el entorno además de su buena conservación.

El Jueves Santo para los villarrinos comienza con sabor a penitencia. En las primeras horas de la tarde, el Cristo de la Vera Cruz y el Nazareno son acompañados por los penitentes en “La Carrera”. Hombres, mujeres y niños con brazos cruzados, descalzos (lo que conmueve dado el sinuoso y largo recorrido de la procesión), en el anonimato gracias a la caperuza blanca que les cubre la cabeza, dejando libre el hueco de los ojos, ataviados con túnica de lienzo o de hilo (camisa ceplina) con bajo de puntilla hasta los tobillos, detonando el carácter de disciplina penitencial de la Cofradía. Se completa con un rosario en las manos y un pañuelo blanco en el cíngulo. Llegan a la Iglesia los cofrades para orar al Cristo de los Afligidos y con su penitencia poner fin al tiempo de la cuaresma y abrir la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. La cofradía se refundó en 1992 tras más de dos décadas sin procesión, en la actualidad la forman 75 cofrades.

 

El Viernes Santo tiene una gran intensidad en Villarrín de Campos. La celebración litúrgica de la Muerte de Cristo se ve enmarcada por tres actos de devoción popular. En las primeras horas de la mañana el Nazareno sale en procesión. Tras él y por otro recorrido, las mujeres que acompañan a la Dolorosa. Ambos se encuentran en el reguero de Villarrín: la tradición manda un sermón del párroco, además de otros cantos y rezos populares. Tras la celebración de la Muerte de Cristo, en las primeras horas de la tarde tenía lugar la procesión del Santo Entierro. Hoy ha sido unida a la procesión que, en las últimas horas del día, ya en la noche, acompaña a la Dolorosa en su duelo.

El Domingo de Resurrección, precediendo a la celebración de la Misa de Pascua, tiene lugar la popular procesión del encuentro, a la Virgen se le cambia el manto de luto en fiesta al ver al Cristo resucitado.

 




 F. Trancón