sábado, 25 de abril de 2026

ACUERDO DE CESIÓN DE LA IGLESIA DE OTERO DE SARIEGOS AL AYUNTAMIENTO DE VILLAFÁFILA

 

 

La Diócesis de Zamora y el Ayuntamiento de Villafáfila han alcanzado un acuerdo para la cesión de la titularidad de la iglesia de San Martín de Tours, en Otero de Sariegos.

(Diócesis de Zamora en España, 22/04/2026)

Este acuerdo se produce tras constatarse la delicada situación estructural del inmueble. Un informe técnico elaborado por el arquitecto responsable determina la prohibición de uso del templo ante el riesgo de colapso, lo que hace inviable cualquier tipo de actividad en su interior hasta que se lleven a cabo las necesarias actuaciones de restauración que garanticen la seguridad.

La operación, que será elevada en breve a escritura pública, supondrá un nuevo paso en la búsqueda de una solución estable para este templo, desde la colaboración entre la Diócesis de Zamora y el Ayuntamiento de Villafáfila, con el objetivo de preservar un bien que forma parte de la memoria religiosa, histórica y patrimonial de esta localidad hoy deshabitada. Con esta cesión, el Ayuntamiento queda plenamente legitimado para promover y solicitar cuantas ayudas públicas sean necesarias para la consolidación y recuperación del inmueble.

El acuerdo se ha cerrado salvaguardando en todo momento la naturaleza propia del inmueble eclesial. En este sentido, se establece que el uso futuro del templo no podrá contravenir la moral católica ni cuanto esta implica en relación con el respeto debido a un espacio sagrado. Del mismo modo, la Diócesis se reserva el derecho de uso para celebraciones litúrgicas, de manera que la iglesia pueda seguir acogiendo el culto cuando así se considere oportuno, una vez se den las condiciones adecuadas de seguridad.

Con este acuerdo, la Diócesis de Zamora reafirma su disposición a colaborar con las instituciones locales en la protección del patrimonio eclesial, buscando fórmulas realistas que permitan conservar los templos, respetar su identidad religiosa y garantizar, ante todo, la seguridad de las personas.

 


miércoles, 22 de abril de 2026

ZAMORA EN LA CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LA COMUNIDAD DE CASTILLA Y LEÓN 2026

 

ZAMORA EN LA CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LA COMUNIDAD

Francisco Trancón Pérez

La celebración del Día de Castilla y León, que conmemora el levantamiento de los comuneros en la Batalla de Villalar, es también una ocasión para que los zamoranos reflexionemos sobre el presente y futuro de nuestra provincia.

            Más allá del recuerdo histórico, este día invita a pensar en la actual situación económica, social y humana de Zamora.

            Hay que trascender la visión oceánica o superficial de lo que ocurre en esta región y activar un proceso reflexivo de posibles vías de tentativas de solución de algunos problemas, alejándose de posturas arbitrarias.

Zamora posee un patrimonio histórico y cultural extraordinario: iglesias románicas, tradiciones populares, celebraciones religiosas y una fuerte identidad rural. Recordar este legado significa comprender que la cultura no es solo memoria, sino también recurso económico y social. El turismo cultural, la valorización de las tradiciones y la protección del patrimonio pueden generar actividad económica y reforzar el orgullo colectivo, reafirmando la identidad histórica y cultural de nuestro pueblo.

Gran parte del territorio zamorano forma parte de lo que se denomina “España vaciada”, que no es solo un fenómeno demográfico; es, sobre todo, una herida simbólica. En ella se cruzan el olvido, la pérdida de identidad y la ruptura de vínculos que durante siglos dieron sentido a la vida comunitaria. Sin embargo, en esa misma realidad también habita una posibilidad: la de redescubrir qué significa ser humano en un mundo heterogéneo y muchas veces desarraigado.

En este horizonte, Zamora puede dejar de ser un símbolo de pérdida para convertirse en un espacio de resistencia y de esperanza. Tal vez, al volver la mirada hacia estos territorios, el hombre contemporáneo descubra algo esencial: que su verdadera singularidad no reside en la acumulación ni en la prisa, sino en su capacidad de arraigo, de relación y de sentido.

Debemos mirar a nuestra tierra, en la que existen algunos entornos apenas habitados, no como un espacio vacío, sino como un lugar cargado de memoria. Cada pueblo, cada casa abandonada, cada camino rural guarda historias, oficios y formas de vida que constituyen una riqueza cultural irrepetible. El hombre actual necesita reconciliarse con esa memoria, no desde la nostalgia estéril, sino desde la conciencia de que su identidad también se construye sobre lo heredado.

El medio rural no debe verse únicamente como un entorno en decadencia, sino como un territorio con oportunidades: agricultura de calidad, producción agroalimentaria, energías renovables, turismo natural y formas de vida más sostenibles. Recordar esto implica impulsar políticas que hagan posible vivir y trabajar dignamente en los pueblos.

Rescatar la singularidad humana ,en este contexto, nos invita a pensar que no somos un simple producto de la evolución, sino un ser abierto, libre y espiritual, capaz de reflexionar sobre su entorno y tomar soluciones apropiadas. Un ejercicio fundamental, se basa en la relación con los otros.

En muchos pueblos, la vida cotidiana estaba marcada por la cooperación, la ayuda mutua y el sentido de pertenencia. Recuperar estos valores —adaptándolos a las condiciones actuales— puede ser clave para revitalizar estas zonas. Iniciativas culturales, asociaciones vecinales, proyectos compartidos… todo ello contribuye a devolver el alma a los lugares.

Es necesario redefinir el concepto de progreso. Durante décadas, se ha identificado el desarrollo con la concentración urbana, la industrialización masiva y la velocidad. Hoy sabemos que ese modelo genera desigualdades y deshumanización. Frente a ello, los entornos rurales pueden ofrecer alternativas más sostenibles: ritmos de vida más humanos, relaciones más cercanas, una conexión directa con la naturaleza. Confiar en estos valores no es retroceder, sino avanzar hacia una forma de vida más equilibrada.

No menos importante es integrar la innovación sin perder la esencia. La tecnología, lejos de ser una amenaza, puede convertirse en una aliada: el teletrabajo, la digitalización de servicios, el acceso a la educación y la cultura en línea abren nuevas posibilidades para habitar el mundo rural. Pero esta integración debe hacerse desde el respeto a la identidad local, evitando la uniformización que diluye lo propio.

            Tradición y modernidad no son conceptos excluyentes, es un binomio que invita a considerar que la innovación no debe de ser causa para perder las raíces.

El futuro económico de Zamora necesita combinar ambos aspectos. La digitalización del medio rural, el apoyo a emprendedores, la transformación de productos agrícolas y la economía ligada al conocimiento pueden abrir nuevas oportunidades. No se trata de abandonar lo propio, sino de modernizarlo.

Uno de los mayores problemas de Zamora ha sido la marcha constante de jóvenes y titulados hacia otras ciudades. Sin oportunidades laborales, vivienda asequible y servicios modernos, los pueblos siguen perdiendo población. Zamora necesita crear empleo cualificado, apoyar el emprendimiento rural y aprovechar el teletrabajo y la digitalización para que vivir en un pueblo no signifique quedarse aislado. Castilla y León está considerada una región en riesgo de “trampa de talento”, porque pierde población joven y formada

Expongo otros puntos activos reflexión. Aprovechar mejor sus riquezas propias.
Zamora posee enormes recursos que a veces no valora suficientemente: agricultura, ganadería, vino, queso, patrimonio histórico, paisaje, tradición y turismo rural.

            Defender mejores comunicaciones. Durante décadas, muchas comarcas zamoranas han sufrido la sensación de quedar apartadas. Sin buenas carreteras, trenes, internet o transporte público es difícil atraer empresas, estudiantes o visitantes. El debate reciente sobre la reducción de servicios ferroviarios en la provincia ha mostrado hasta qué punto las comunicaciones siguen siendo un asunto decisivo.

Reforzar la vida social y humana de los pueblos. No basta con que haya trabajo; la gente necesita escuelas, centros de salud, actividades culturales, asociaciones, fiestas y espacios de convivencia. Muchos pueblos zamoranos conservan una gran riqueza humana: solidaridad, cercanía, memoria y sentido de comunidad

Recuperar la confianza y el orgullo de pertenecer a Zamora, dando a conocer al mundo sus valores.

            El Día de la Comunidad también debería servir para recordar que Zamora no es una tierra condenada al abandono. Tiene historia, identidad y capacidad para reinventarse. La memoria de los comuneros simboliza la defensa de la dignidad, de la participación y de la tierra propia. Hoy esa defensa pasa por creer que los pueblos zamoranos tienen un merecido porvenir.

Conviene subrayar la necesidad de una mirada ética y política. La revitalización de la España rural no puede recaer únicamente en la voluntad individual; requiere políticas públicas que garanticen servicios básicos, infraestructuras, acceso a la sanidad y la educación. Se trata, en definitiva, de reconocer que la dignidad humana no depende del lugar donde se viva.

Y en esta misma jornada, la palabra adquiere un protagonismo especial con la celebración del Día del Libro. Los libros, guardianes de la memoria y semillas del pensamiento, nos permiten comprender mejor nuestro pasado y construir un porvenir más consciente y libre.

Así, entre historia y literatura, entre memoria y creación, el 23 de abril se alza como una fecha doblemente significativa: un homenaje a quienes lucharon por sus ideales y una invitación a seguir creciendo a través de la lectura. Porque en las páginas de un libro y en el recuerdo de los comuneros late, con fuerza, el espíritu de un pueblo que no olvida.