lunes, 18 de mayo de 2020

AVES ESTEPARIAS VILLARRÍN DE CAMPOS 04


Por los campos de horizontes infinitos de Villarrín,  se extienden, en equilibrio perfecto, palomares de todos los estilos: modestos o grandiosos, desafiantes o decadentes diseminados en un poblado en crisis.
Contemplad  esta tierra de palomas vestidas con plumas azuladas, grises, verdes,  saltando por el claro del páramo luminoso, dibujando con sus picos palabras de amistad y  cómo cruzando la elipse del cielo,  se acogen  a las sombras de estas casas de adobe derruido.
Olvidadas alquerías sin dueño, mesones de barro y paja aferrados a los cimientos de los surcos, en lo alto de los tesos desgastados, en vaguadas imperceptibles, son hogares de amor, estancias oscuras de palomas tímidas, círculo de arrullos, nidos de sueños nuevos.
Es privilegio de sublimes gozos admirar estos castillos de extraño formato, alcázares de la estepa de intrépidos torreones sin murallas que recuerdan el paso del guerrero. Hoy son  venta de pájaros bullangueros, de trúhanes voladores; refugio obligado de delicadas avecillas acogidas  en los laberintos de alcobas ocultas.
La soledad taciturna del páramo se hace campo de recreo, cobijando en sus brazos austeros  una  asamblea fraterna de estas aves que,  unidas en un lazo de picos y plumas, picotean en la tierra seca, murmurando palabras secretas que el viento no  puede escuchar.
Después, de una breve estancia,  vuelan  hacia un otero vacío desde donde se ven envejecidos palomares de aldeas sin calles.
Pienso con desaliento que esta arquitectura secular de adobes y tejas rojas, miscelánea de materiales frágiles que aún resisten los días de viento y estrépito, de frío entumecido por la helada cruel, de soles revueltos, de nubes de rojo y fuego,  no se sabe hasta cuándo, el tiempo que todo lo puede decidirá  anegar de tierra y escombros y reducir a un olvido siniestro estos caseríos sin llave, sombra fresca de rebaños y pastores; referencia de aves sin rumbo, asombro del viajero incansable.
Pero el cuaderno aún abierto de la estepa, retiene en  sus páginas el vuelo pausado de  las palomas por los vastos campos de Villarrín, a mí la música de sus alas me  recuerdan estos versos de Rosalía de Castro:
¡Felices esas aves que volando 
 libres en paz por el espacio corren 
 de purísima atmósfera gozando!